PepsiCo reorganiza sus operaciones en Estados Unidos, mientras Coca-Cola y sus embotelladores proyectan inversiones por US$10,000 millones hasta 2030.
La competencia entre PepsiCo y Coca-Cola está entrando en una nueva etapa que va más allá de los productos que ambas compañías colocan en los anaqueles. Mientras PepsiCo avanza en la reorganización de sus operaciones en Estados Unidos, Coca-Cola prepara una expansión de infraestructura que contempla inversiones por 10,000 millones de dólaresdurante los próximos años.
Las decisiones reflejan dos formas de responder a un mercado de bebidas en transformación. Por un lado, PepsiCo busca mejorar su productividad, reducir costos y adaptar su red a nuevas condiciones de demanda. Por otro, Coca-Cola y sus socios embotelladores están destinando recursos a ampliar su capacidad de producción y distribución.
Sin embargo, estas estrategias no son completamente opuestas: PepsiCo también mantiene inversiones en sus negocios, mientras que el plan de Coca-Cola incluye proyectos anunciados previamente y recursos aportados por sus embotelladores.
PepsiCo dejará de fabricar y almacenar productos en su instalación de Cheverly, Maryland, después de más de seis décadas de actividad. De acuerdo con un aviso presentado el 14 de septiembre de 2026 ante el Departamento de Trabajo estatal, la medida afectará a 143 trabajadores, de los cuales 98 cuentan con representación sindical.
El cierre de las actividades de manufactura y almacén está programado para el 13 de noviembre de 2026. Los puestos afectados pertenecen a áreas como producción, transporte, flota y almacenamiento.
No obstante, PepsiCo no abandonará por completo las instalaciones. La compañía mantendrá las actividades comerciales y de entrega en el sitio, aunque dejará de utilizarlo como centro de producción y almacenamiento.
La empresa explicó que la decisión responde a cambios en las preferencias de los consumidores, avances tecnológicos y necesidades de modernización de su red operativa. Asimismo, señaló que continuará ajustando su infraestructura para atender de manera más eficiente a clientes y consumidores.
La antigüedad del inmueble también habría influido en la situación. Autoridades locales mencionaron problemas de mantenimiento y cortes de energía que incrementaban los costos de operación.
Para Cheverly, el impacto podría extenderse más allá de los empleos. La planta ha sido identificada por autoridades municipales como una fuente importante de ingresos para la localidad, por lo que la reducción de actividades también representa un desafío económico para la comunidad.
La instalación de Maryland no es el único centro de PepsiCo que ha experimentado cambios recientes.
En mayo de 2026, la división Frito-Lay terminó las operaciones de dos instalaciones manufactureras en Orlando, Florida, con aproximadamente 500 trabajadores afectados. Un mes después, una planta de distribución en Rancho Cucamonga, California, dejó de operar, con un impacto reportado de 248 empleados.
La reorganización también tiene antecedentes en otras regiones. En septiembre de 2025, PepsiCo suspendió parcialmente actividades de producción, mantenimiento y transporte en una instalación de Detroit, Michigan, mientras que una planta de Frito-Lay en Liberty, Nueva York, había cerrado en junio de ese año.
Estos movimientos forman parte de una estrategia más amplia para simplificar operaciones y aumentar la eficiencia de la compañía en Norteamérica.
PepsiCo ha señalado que trabaja en la consolidación de inventarios y centros de mezcla, además de evaluar cambios en sus sistemas de distribución y transporte. La empresa considera que estas transformaciones pueden ayudarle a mejorar la productividad sin abandonar sus inversiones en marcas y productos.
La decisión de cerrar la planta de Cheverly ocurre en un momento en el que los resultados financieros de PepsiCo muestran diferencias importantes entre crecimiento de ingresos y comportamiento del consumo.
Durante el segundo trimestre fiscal de 2026, la compañía reportó ingresos netos por 24,180 millones de dólares, un incremento anual de 6.4%. Su utilidad operativa alcanzó los 4,020 millones de dólares, con un crecimiento de 125%, aunque esta comparación estuvo influida por un cargo extraordinario por deterioro registrado en el periodo anterior.
En Norteamérica, las tendencias fueron distintas entre alimentos y bebidas.
El negocio de alimentos registró una caída de 2% en ingresos, con un volumen de unidades sin cambios y una disminución de 3.5% en la utilidad operativa. La empresa atribuyó parte de la presión al incremento de ciertos costos y a condiciones desfavorables de precios netos.
En contraste, PepsiCo Beverages North America aumentó sus ingresos 7%, pero su volumen de unidades cayó 4%.
Esta diferencia resulta relevante porque muestra que un incremento en ventas monetarias no necesariamente significa que los consumidores estén comprando más unidades. En ese contexto, mejorar la estructura de costos y la eficiencia logística adquiere mayor importancia para el negocio.
Mientras PepsiCo ajusta parte de su capacidad operativa, Coca-Cola anunció un programa de inversión de 10,000 millones de dólares en Estados Unidos hasta 2030, desarrollado junto con sus socios embotelladores.
Los recursos se dirigirán a nuevas instalaciones y ampliaciones de centros de producción, distribución y oficinas, con el objetivo de fortalecer la infraestructura que abastece al mercado estadounidense.
Entre las ubicaciones vinculadas con estos proyectos se encuentran Rancho Cucamonga, California; Colorado Springs, Colorado; Indianápolis, Indiana; Birmingham, Alabama; Coopersville, Michigan; St. Cloud, Minnesota; Orlando, Florida, y Webster, Nueva York.
Existe una precisión importante: los 10,000 millones de dólares corresponden a una inversión conjunta del sistema Coca-Cola. Por lo tanto, no representan exclusivamente gasto de capital de The Coca-Cola Company, sino que incluyen desembolsos de sus socios embotelladores.
Además, el programa incorpora proyectos que ya habían sido anunciados antes de la presentación del plan general.
Coca-Cola sostiene que estas inversiones permitirán atender la demanda y fortalecer su capacidad de producción y distribución. La compañía también citó un estudio independiente que estimó que su sistema aportó 85,000 millones de dólares al producto interno bruto estadounidense y respaldó cerca de un millón de empleos durante 2025.
Las decisiones de PepsiCo y Coca-Cola muestran cómo las empresas pueden responder de manera diferente a las condiciones de un mismo mercado.
Para PepsiCo, una parte de la prioridad consiste en modernizar su red, concentrar operaciones y aprovechar mejor los recursos disponibles. La compañía busca elevar su productividad mientras mantiene inversiones para impulsar el crecimiento de sus negocios.
En el caso de Coca-Cola, la expansión de infraestructura refleja una apuesta de largo plazo por fortalecer la capacidad de su sistema de producción y distribución en Estados Unidos.
Ninguna de las dos decisiones permite concluir, por sí sola, que una empresa esté ganando terreno frente a la otra. Para realizar esa comparación sería necesario analizar participación de mercado, rentabilidad, volúmenes de venta y resultados de las inversiones durante varios periodos.
Lo que sí muestran ambos movimientos es que la competencia entre las grandes marcas de bebidas también se libra en las fábricas, los centros de distribución y las decisiones de inversión.
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